Un árbol tropical poco conocido, Hymenaea courbaril, conocido como algarrobo, guapinol o jatobá, está despertando el interés de la ciencia por su notable potencial como alimento funcional, recurso medicinal y oportunidad agroforestal sostenible. Investigaciones recientes en Colombia y Brasil confirman lo que durante siglos han sabido las comunidades rurales: casi todas sus partes son aprovechables y valiosas.
Este árbol imponente y resistente produce abundantes vainas que contienen una pulpa seca, harinosa y ligeramente dulce, rica en fibra dietética y antioxidantes, así como semillas con gomas naturales. La pulpa se conserva fácilmente, se puede moler y almacenar, y tradicionalmente ha sido utilizada para preparar harinas, bebidas y alimentos básicos.

Análisis de laboratorio revelan que la harina de jatobá puede contener hasta 44 % de fibra y 11 % de proteína, lo que la posiciona como un alimento funcional ideal para enriquecer panes, snacks o cereales sin recurrir a aditivos sintéticos. Su similitud con el algarrobo mediterráneo refuerza su potencial industrial.
Más allá de la alimentación, estudios científicos identifican en la corteza, hojas y semillas una alta concentración de polifenoles con actividad antioxidante y antimicrobiana. Extractos del árbol han mostrado inhibición de bacterias como Staphylococcus aureus y resultados comparables a antioxidantes sintéticos, lo que respalda su uso tradicional frente a afecciones respiratorias, infecciones y procesos inflamatorios, aunque aún se requieren estudios clínicos más amplios.
Otro aporte clave está en la goma de las semillas, rica en galactomananos, utilizada como espesante y estabilizante natural en la industria alimentaria. Estas gomas mejoran la textura de productos como helados y postres, incluso con menos grasa o azúcar, y cuentan con respaldo de organismos internacionales en términos de seguridad alimentaria.

Sin pretender reemplazar cultivos globales, el algarrobo representa una alternativa real para diversificar sistemas productivos, generar ingresos rurales, fortalecer la soberanía alimentaria y reducir la dependencia de insumos importados. Integrado de forma responsable, este árbol demuestra que biodiversidad, ciencia y sostenibilidad pueden crecer juntas, con raíces profundas y beneficios concretos.
FUENTE: PORTAL FRUTÍCOLA












