Todo se remonta a los siglos XVIII y XIX. En esa época, el Puerto de Guayaquil era la gran vitrina al mundo. No importaba de qué rincón del Ecuador venía el grano; si salía de nuestro puerto, el mundo lo bautizaba con el nombre de su punto de partida.
Ese nombre es el reflejo de una herencia que hoy se mantiene viva. Porque hablar de ese origen, de su calidad única y de nuestra historia, es hablar con orgullo del cacao ecuatoriano.
FUENTE: ANECACAO
