En el noroccidente del Distrito Metropolitano de Quito, la Hacienda Tanlagua se erige como un territorio donde confluyen más de mil años de historia, biodiversidad y compromiso ambiental.
Declarada Bosque Protector Privado en 1995, resguarda cerca de 991 hectáreas de bosque seco andino, uno de los ecosistemas más amenazados del país y zona clave de amortiguamiento de la Reserva Geobotánica Pululahua y del Chocó Andino.
Este bosque cumple funciones esenciales para el equilibrio ambiental: regula el clima, protege el suelo, captura carbono y alberga una notable diversidad de flora y fauna.
Entre sus especies emblemáticas destacan el penco y el guarango, junto a orquídeas, plantas medicinales y árboles nativos; en la fauna se encuentra el oso andino, puma, lobo de páramo, aves rapaces y anfibios propios de la región.
Tras el incendio de 2019, Tanlagua fortaleció programas de restauración con especies nativas, educación ambiental e investigación científica, apoyados por su vivero y alianzas público-privadas, para asegurar la resiliencia del ecosistema.
Desde tiempos prehispánicos fue un territorio sagrado, con plataformas líticas alineadas a solsticios y equinoccios. En la Colonia, la Compañía de Jesús la consolidó como centro agrícola, dejando un valioso legado arquitectónico e hidráulico que aún se conserva.
Hoy, la hacienda impulsa un turismo responsable y educativo, integrando recorridos interpretativos, reforestación y prácticas de agricultura orgánica. Así, Tanlagua demuestra que la sostenibilidad es un compromiso integral con la naturaleza, la historia y las futuras generaciones.
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