Maíz: la siembra temprana crea más valor

El control tecnológico de los factores de producción presiona al alza el rendimiento del maíz.  La siembra oportuna, dentro de la ventana temporal que sigue al inicio de las lluvias, cuando el agua infiltrada en el suelo ha avanzado hasta 5 – 10 cm de profundidad, convierte el tiempo en un valioso recurso productivo de nuestras zonas maiceras.

En zonas tropicales con periodos seco y lluvioso definidos, la dinámica de la microbiología del suelo es variable. En los meses sin lluvia, los microrganismos encargados de la descomposición de la materia orgánica (M.O) muestran una actividad debilitada porque la sequía minimiza su metabolismo y densidad poblacional.

Freddy Amores P. Divulgador de Agro Ciencia y Tecnología famores.ec@gmail.com

El retorno de las lluvias, luego de un periodo seco prolongado, cambia la humedad y temperatura del suelo. Esta transición ambiental incrementa la población y actividad microbiana lo que acelera la descomposición de la materia orgánica (M.O), el alimento de los habitantes del suelo.

La mayor actividad microbiana incrementa la disponibilidad de nitrógeno (N) proveniente de la M.O, un recurso natural que beneficia al cultivo, aunque es limitado y disminuye con el pasar de los días. Con la siembra temprana, cada punto porcentual de M.O contribuye al menos 20 quintales de grano al rendimiento por hectárea, una cifra generosa. Siembras tardías y muy tardías desaprovechan este don de la naturaleza.

Además, al sembrar temprano, la floración del maíz coincide con un aumento de luminosidad solar, que tiene lugar desde fines de febrero hasta la mitad de marzo. Tal coincidencia se convierte en otro recurso natural valioso para la economía del cultivo. Es un periodo cuando la actividad fotosintética alcanza un máximo reforzando el llenado del grano.

La siembra oportuna también se conecta fuertemente con la eficiencia de uso de la fertilización. Usualmente esta incluye 6 – 8 quintales de urea por hectárea, combinada con fertilizantes fosfóricos y potásicos. Las siembras retrasadas recortan la eficiencia de la fertilización que desciende en picada hasta anularse y causar el desplome de la cosecha. Con el pasar el tiempo, el riesgo de que el N se pierda por lixiviación (lavado), erosión hídrica y volatilización aumenta, y más con lluvias excesivas. La pérdida de gran parte de la inversión en la adquisición y aplicación de fertilizantes, otros insumos y mano de obra, lastima fuertemente la rentabilidad del cultivo.

Otra consecuencia de la siembra atrasada es la presencia creciente de gusanos cortadores y cogolleros, temibles plagas del maíz, ya que los insectos tienen más tiempo para completar varios ciclos de reproducción. La cantidad de larvas que se alimenta de las jóvenes plantas de maíz crece exponencialmente. Un insecto hembra del gusano cogollero pone más de 100 huevos.

Según una investigación en la zona de Ventanas (Guadamud, 2018), para el 57 % de los productores la siembra que se atrasa dos semanas respecto a la ventana temporal oportuna ya es tardía. Todos los entrevistados fueron conscientes de que una parte de la cosecha potencial se pierde de antemano con las siembras tardías y señalaron diferentes razones para este accionar. En la zona de Quinsaloma,  otro estudio encontró que solo el 8% de los productores sembraron el maíz en la última quincena de diciembre y el resto en distintos momentos de enero (Tigreros, 2017).

Una investigación en la zona de Mocache, corazón maicero del país, revelo que la diferencia de rendimiento entre sembrar temprano, y sembrar 15, 30, 45 y 60 días más tarde, fue alrededor de 40, 100, 140 y 150 quintales por hectárea (Amores, 1978); son cifras que asustan. En conclusión, las siembras atrasadas del maíz disminuyen, y en el peor escenario anulan el efecto de aplicar fertilizantes. La extinción de valor económico se dispara al sumar el costo de oportunidad de las siembras tardías.

 

 

  

 

 

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